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También en países donde los derechos democráticos han estado establecidos por largo tiempo, Greenpeace ha desarrollado un nuevo estilo de hacer campaña y ha mostrado que hay formas efectivas de levantar la voz y de hacerse escuchar para hacer una diferencia. Nuestros activistas han sido encarcelados, nuestras campañas han cambiado las leyes. Al final, son los argumentos que sostienen las acciones de Greenpeace los que se han ganado el día.
Los medios de comunicación han reportado estos cambios como incidentes y eventos. Ya son historia. Sólo cuando se reflexiona en cómo serían las cosas hoy de no haber existido Greenpeace, uno puede comenzar a darse cuenta del impacto que ha tenido.

Por ejemplo, ¿cuántas más de las poblaciones de ballenas en el mundo hubieran sido cazadas hasta la extinción? La continua presión de Greenpeace transformó a la Comisión Ballenera Internacional de una organización que asignaba cuotas para la cacería de ballenas en un cuerpo protector de estos mamíferos. En la década de los 1990, Greenpeace presionó de manera más amplia, demandando un santuario alrededor de la Antártida. En 1994 la CBI lo creó. Al igual que en México se decreto un santuario ballenero en todas las aguas patrimoniales mexicanas, protegiendo así a 21 diferentes especies de estos magníficos animales.

Muchos otros ejemplos demuestran cómo los argumentos de Greenpeace, a menudo criticados en el momento, se han convertido en razones aceptadas para que los gobiernos e industrias cambien. ¿Qué tanto más grande sería el riesgo que correríamos con más ensayos de armas nucleares en la atmósfera, con mayor transportación de cargamentos de combustible nuclear o más uso de CFC adelgazando la capa de ozono? ¿Tendría la Antártida la protección de la que disfruta actualmente sin la campaña que Greenpeace lanzó en los años 1980? ¿Aún estaría la industria nuclear vertiendo sus desechos radiactivos en los mares? ¿Habrían aceptado las naciones ricas prohibir la exportación de desechos peligrosos a los países en desarrollo? ¿Cuántos tiraderos nucleares más habría en la frontera de Estados Unidos con México? ¿Cuántas empresas contaminantes que ni siquiera dejan beneficios a las comunidades locales se habrían ya instalado en áreas protegidas como el Santuario de la Tortuga Marina de Xcacel, en Quintana Roo, o El Vizcaíno, en Baja California Sur? ¿Hace cuánto que México ya estaría totalmente saturado de siembra de organismos transgénicos, particularmente de maíz? Es difícil decirlo con certeza, pero en todos estos problemas Greenpeace llevó a cabo campañas con una determinación, convicción y vigor que indudablemente ayudaron a guiar el mundo hacia un futuro más sostenible y ambientalmente amigable.

Hoy, con 36 años de experiencia como respaldo, Greenpeace puede decir que tiene una misión tan clara como la de los miembros de la primera expedición: queremos proteger y salvar las "provisiones" ambientales globales; asegurar que haya un mundo donde nuestros hijos e hijas puedan vivir sin los riesgos de que agua, aire, tierra y alimentos estén contaminados.

 

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